Habla de mí, de tí, de nosotras, de ellos, de ellos con nosotras, de nosotras contra ellos.
Lo que importa es hablar

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viernes, 21 de noviembre de 2014

Viernes, 7 de noviembre

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Somos monstruos, somos tus pesadillas, somos tu mayor miedo, la peor de tus inseguridades. Somos criaturas despiadadas que hacen de tus cuentos de hadas fantasías imposibles. 

No son las tormentas ni las mareas lo que debería preocuparte cuando despliega las velas y su barco comienza a empequeñecer rumbo al horizonte. Nosotras le haremos naufragar. 

Horribles sirenas de apariencia inofensiva, camufladas bajo un olor  a narciso y pachouli, adornadas con rimmel y lápiz de ojos negro conseguirán embrujarle. Tal es la fuerza del conjuro pronunciado por sus labios vestidos de carmín que, por muy difícil que te resulte de creer, por mucho que te duela, llores o grites de rabia, para él en ese momento dejas de existir. Tú ya no importas.

Pobre, pobre marinero que no se da cuenta de que las mismas manos que le acarician son las que le empujan a la autodestrucción. Pobre iluso que suplica unos besos que no le dejarán dormir por las noches. Pequeño inocente que al apagarse la música, consumirse las velas y despuntar el sol se encontrará sólo y sin barco. Nadando a la deriva para con suerte encuentrar el rumbo de vuelta a tus brazos.

Se callará sus remordimientos para regalarte te quieros que son verdades a medias, así podrás seguir disfrutando de una felicidad ciega y artificial como la que regala la Ginebra. Espero sinceramente que sigas evitando la resaca.

Comprendo que sin conocerme, sin llegar a saber que existo, ya me odies. No te culpo. No tengo conciencia, puede que sea por mi falta de empatía pero no estoy tan segura. 

Pensémoslo fríamente, no obligué a embarcarse hacia la más peligrosa de las travesías en busca de la emoción que en su vida le faltaba. No nos confundas con los tiburones, no corremos a capturar a nuestras presas, son ellos quienes acuden encantados a nuestra trampa.

Tu capitán se despidió de ti con cariñosos besos y empalagosas promesas para después cruzar océanos el único deseo de encontrarme. Yo me limité a cantarle la melodía que le torturará por dentro cada noche que duerma a tu lado.

Pregúntate querida amiga... Quién es el verdadero monstruo.