Habla de mí, de tí, de nosotras, de ellos, de ellos con nosotras, de nosotras contra ellos.
Lo que importa es hablar

M

miércoles, 23 de enero de 2013

miércoles, 23 de enero

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Tengo un horrible defecto, opinión. Tengo una respecto a todo, y lo que es peor, respecto a todos.
En mi favor diré que no son inmediatas ni definitivas, pero la mayoría de las veces acertadas.

Conforme nos hemos ido haciendo mayores me he dado cuenta de que mis amigas y yo nos hemos ido acomodando en dos grupos opuestos pero nunca enfrentados.

Por un lado tenemos la calma. Ellas se sienten a gusto compartiendo su vida con otra persona. No quiero decir que se obliguen a tener pareja, simplemente han sido suficientemente inteligentes para comprender que el amor no nace de la noche a la mañana, así que han tenido paciencia y esperado a que llegue.

Para poder pertenecer a este grupo es indispensable ser capaz de aceptar que una relación adulta no son dos almas gemelas unidas por el cursi destino, son simplemente dos personas que se quieren y que, como no son perfectas, se equivocan.

Es fácil, no hay drama. Claro que discutirán, es inevitable, pero lo hacen siguiendo una norma no escrita que me resulta tan lógica como imposible de cumplir: “grítame todo lo que quieras, dime todo lo que odias, pero los dos sabemos que mañana todo volverá a estar bien”.

Idílico ¿no? Sí, pero para muchas imposible.
Hemos recibido muchos nombres, impacientes, egoístas, egocéntricas pero yo me quedaría con idealistas que suena mucho mejor.
Nosotras creemos en la perfección, pero cuando hablamos de un hombre perfecto no nos referimos a una lista estudiada de cualidades, solo una inevitable, SER INTERESANTE.

Necesitamos que nos interese todo lo que decís, que nos guste cómo pensáis y la forma en la que os comportáis con los demás, que os comportaríais con nosotras. Y creedme, para saber eso no tenemos que perder meses de vuestro tiempo, o lo que es más importante, del nuestro.

La explicación es sencilla, no sabemos hacer las cosas a medias. Suena duro, pero nos resultareis innecesarios o imprescindibles, sin término medio, y, si vamos a dedicar horas, días, semanas a pensar en vosotros creemos que debería compensar.

La peor parte viene al equivocarse y confundir la chulería y la prepotencia con carisma, idealizando a alguien que en realidad no existe, o al darse cuenta de que dejas pasar alguien que te trata bien simplemente porque falta “algo”.
Es irracional, es poco práctico incluso, a veces masoquista, pero nos consuela pensar que ser pasional sea quizá más divertido.

Así que no cometáis ese estúpido error de pensar que somos inestables y frías, porque detrás de todos aquellos que entran y salen de nuestras vidas intermitentemente no está la frivolidad, sino el romanticismo.
No el cursi y trasnochado que se celebra el 14 de febrero, el romanticismo del bueno, el idealista.


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