... No podría asegurar qué siente más en ese momento, si el calor de sus manos sujetando la enorme taza de porcelana llena de café con sabor a canela o el frío de sus pies al andar descalza por el suelo de marmol.
Sale de la cocina y se asoma al salón donde, a parte de las mantas negras sobre los cojines aplastados de los sofás blancos, las plumas pequeñas esparcidas por la gran alfombra de pelo negro que cubre las baldosas y los jarrones llenos de rosas blancas, aún no hay nadie. Así que gira hacia el pasillo riéndose de lo absúrdamente parecido que es el mobiliario de esa casa a la personalidad de los dos montruos que la habitan, a los que no les gustó jamás el gris.
Una melodía de palmas y acordes se escapa por la puerta entreabierta de la habitación de la izquierda, lo que solo puede significar una cosa,a esas horas un ovillo de pelo negro y piel oscura sigue desperezandose entre las sábanas.
- Me dijiste que te despertara a las 9 pero me ha dado pena, son las 10.
Deja el café en su mesita de noche y se acerca hacia la ventana para subir la persiana y que entre la luz. Se tumba en el colchón de muelles gastados a esperar a que sea ella quien le de al botón del play por esta vez.
Aunque no ha aprendido a pedir ayuda, sabe a dónde tiene que acudir para sentirse a salvo.
Hicieron bien al huir juntas, si están condenadas a vivir en guerra permanente necesitaban una trinchera para esconderse.
- ¡Buenos días peque! ¿Qué plan tenemos hoy?
Ya está, otro buen principio, porque este año todos lo son ...
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